Overblog Seguir este blog
Edit post Administration Create my blog
11 julio 2012 3 11 /07 /julio /2012 16:28
Autor: P Antonio Rivero, LC | Fuente: Catholic.net
Devoción al Creador, Providencia, Jesucristo, Espíritu Santo, la Iglesia, la Viren María y la Liturgia.
 


INTRODUCCIÓN

Si Dios es tres veces santo y es la santidad misma, es Él la fuente de la santidad. A Él tenemos que acudir para saciar nuestra sed de santidad. Es Él quien nos hará santos. Pero requiere nuestra pequeña colaboración: el ir a Él, el ir a esa Fuente, pues nunca me obligará.


I. LA DEVOCIÓN AL CREADOR

La contemplación del mundo creado es el fundamento de la religiosidad del hombre (Rm 1, 20; Salmo 18, 2-7; Sab 13, 1.9; Hch 14, 15-17). La creación nos muestra una variedad casi infinita de seres creados; desde el virus que se mide en milimicras, hasta la ballena de treinta metros; desde la fascinante concha nacarada hasta las alucinantes magnitudes de las galaxias que distan de nosotros millones de años-luz. La inmensidad de la creación es un reflejo formidable de la infinitud del Creador.

Nos pone enigmas insolubles: ¿Dónde tiene su origen el milagro de la vida? ¿Cómo explicar la perfección y complejidad de sus delicadas funciones? ¿Cómo explicar esos vuelos migratorios de cinco mil kilómetros, de día , de noche, con tormentas, con rumbos infalibles? ¿El vuelo de los murciélagos en la noche? (Leer Job 38, 1-41). ¿Y el hombre?

Ante esto, el hombre no puede menos de enmudecer, doblegándose en la adoración.

La pregunta ante este admirable espectáculo de la creación es ésta: ¿Qué tiene que ver la creación con mi santificación?

Dios me puso todo para que llegue a Él, fuente de la santidad. Me creó para llegar a Él, que es mi fin. Me dotó con todo para el camino: inteligencia y voluntad libre, gracias a estas capacidades puedo conocer sus signos y alabarle y admirar su poder. El llegar o no llegar es cuestión mía.

San Agustín nos dice que toda la creación canta la presencia de Dios: “Él nos hizo...somos hechura de Dios” (Confesiones 10. 6). San Francisco de Asís descubría al Autor de la creación en todo. Por eso, caminaba con reverencia sobre las piedras, abrazaba con indecible devoción todo...agua, sol, campos, animales.


II. LA CONFIANZA EN LA PROVIDENCIA

La Providencia de Dios es el cuidado, el gobierno de Dios sobre el mundo, la ejecución aquí y ahora de su plan eterno. Todo cuanto sucede es providencial. Este gobierno lo lleva a cabo mediante las leyes físicas en las cosas inanimadas, y mediante las leyes morales en el hombre.

El plan que ha puesto en mí Dios es ser santo. Quizá los caminos por donde Él me lleva para ser santo no me gusten o no los entienda. Por ejemplo, la Biblia nos narra el ejemplo de José vendido por sus hermanos: “No sois vosotros los que me habéis traído aquí; es Dios quien me trajo y me ha puesto al frente de toda la tierra de Egipto” (Génesis 45, 8; 39, 1 ss).

Recordemos la trayectoria de Jesús.

Esta Providencia divina tropieza ante el problema del mal: ¿Por qué?, y ante el pecado de los hombres. Respondemos: todo lo que sucede es voluntad de Dios, positiva o permisiva. San Agustín dice: “El pintor sabe dónde poner el color negro para que salga un hermoso cuadro; y, ¿no sabrá Dios dónde poner al pecador para que haya orden en el mundo?”.

¿Qué tiene que ver la Providencia de Dios con la obra de mi santificación? Abandonándome a las manos de Dios llegaré a la santidad. Y esto me dará serenidad y fortaleza.


III. JESUCRISTO

Él es el Camino, la Verdad y la Vida. Nos ha dado su Iglesia, su vida, su sangre, su doctrina. Él llega a ser modelo para mí.

Mis deberes: conocerlo, amarlo, imitarlo, transmitirlo.

Este tema será desarrollado ampliamente en la materia del Catecismo de la Iglesia católica.


IV. EL ESPÍRITU SANTO

Es el Autor, Escultor, Artífice de la santidad. Vive en mi alma, para deificarme, espiritualizarme. Nos mueve internamente a toda obra buena (Rm 8, 14; 1 Cor 12, 6). Nos purifica del pecado (Mt 3, 11; Jn 3, 5-9; Tit 3, 5-7). Él enciende en nosotros la lucidez de la fe (1 Cor 2, 10-10). Él levanta nuestros corazones a la esperanza (Rm 15, 13). Él nos mueve a amar al Padre y a los hermanos como Cristo los amó (Rm 5, 5). Él llena de gozo y alegría nuestras almas (Rm 14, 17; Gal 5, 22; 1 Tes 1, 6). Él nos da fuerza para testimoniar a Cristo y fecundidad apostólica, pues la evangelización no es sólo en palabras, “sino en poder y en el Espíritu Santo” (Gal 1, 5; Hch 1,8). Él nos concede ser libres del mundo que nos rodea (2 Cor 3, 17). Él viene en ayuda de nuestra debilidad y ora en nosotros con palabras inefables (Rm 8, 15).

Por tanto, la espiritualidad cristiana es la vida sobrenatural, que el Espíritu profuce en los hombres.

Todo cristiano es teóforo, es decir, portador de Dios.

Mis deberes para con el Espíritu Santo: vivir según el Espíritu para ser hombre nuevo (Ef 4, 17-24; 5, 8-21). Conocerlo. Ser dócil a sus divinas inspiraciones. Intimar con Él en lo profundo del alma.

¿Cómo sé que tengo la presencia del Espíritu Santo en mi alma? Cuando vivo con gozo, alegría, modestia, caridad, alegría, bondad, pureza, templanza (Gál 6, 7-9).


V. LA IGLESIA

La Iglesia es camino seguro para la santidad, pues su Fundador, Jesucristo, es santo; tiene los medios para ser santos: los sacramentos; goza ya de frutos suculentos de santidad: los santos.

El hombre encuentra a Jesús en la Iglesia. Aquí Él quiere manifestarse y comunicarse: “Está siempre presente a su Iglesia, sobre todo en la acción litúrgica” (Vaticano II, “Sacrosanctum Concilium” 7). Es en la Iglesia católica donde se recibe el auténtico y apostólico testimonio de Jesucristo (Ap 1, 2). Y “únicamente por medio de la Iglesia católica de Cristo, que es el auxilio general de salvación, puede alcanzarse la total plenitud de los medios de salvación” (Vaticano II, “Unitatis redintegratio” 3).

La espiritualidad cristiana sabe bien que Jesucristo santifica siempre a los hombres con la colaboración de la Iglesia, Madre espiritual de los cristianos. Así como Jesús durante su vida en la tierra santificaba por medio de su cuerpo (curando...), así ahora, santifica por medio de su Cuerpo místico que es la Iglesia.


Misión de la Iglesia:

a) Escuchar y predicar la Palabra: ante falsos profetas que se están alzando, hay que escuchar y permanecer en la enseñanza de los apóstoles (Hch 2, 42; Tit 1, 11; 3, 9; 1 Tm 6, 4; 2 Tm 2, 17-18).

b) Estar con Jesús: formar comunidad de vida (Hch 2, 42). Somos un solo rebaño congregado por el Buen Pastor y por los pastores que le representan. Por tanto, no se puede ser cristiano “por libre”, sin vinculación habitual con los hermanos y con los pastores. Así se logra la santidad.

c) Administrar y participar en los sacramentos: “perseveraban en la fracción del pan y en las oraciones” (Hch 2, 41). Este punto lo veremos más ampliamente en el tema de la liturgia, fuente de santidad.

Tenemos que estar orgullosos de ser hijos de la Iglesia, al igual que santa Teresa de Ávila. Amemos profunda y apasionadamente a la Iglesia, como san Bernardo y santa Catalina de Siena, Ignacio de Loyola y demás santos.


VI. LA VIRGEN MARÍA

Jesús nos la dejó antes de morir para que nos ayudara en el camino de la santidad. Es uno de los tesoros del cristiano. Desde el cielo ella nos obtiene de su Hijo los dones de la salvación de nuestra alma. A lo largo de los siglos ha sido llamada e invocada como Abogada, Auxiliadora, Socorro, Mediadora. Benedicto XIV dice que la Virgen “es como un río celestial por el que descienden las corrientes de todos los dones de las gracias a los corazones de los mortales” (Bula “Gloriosae Dominae” del 27 del IX de 1748). San Pío X enseña que María, junto a la cruz “mereció ser la dispensadora de todos los tesoros que Jesús nos conquistó con su muerte y con su sangre. La fuente, por tanto, es Jesucristo; pero María, como bien señala san Bernardo, es el acueducto” (Encíclica “Ad diem illum” del 2 del II de 1891). Pío XI afirma que la Virgen ha sido constituida “administradora y medianera de la gracia” (Encíclica “Miserentissimus Redemptor, del 8 del V de 1928). Juan Pablo II destaca “la solicitud de María por los hombres, el ir a su encuentro en toda la gama de sus necesidades, como en Caná de Galilea...se pone en medio, o sea, hace de mediadora no como una persona extraña, sino en su papel de madre, consceinte de que como tal puede -más bien “tiene el derechode”- hacer presente al Hijo las necesidades de los hombres. Su mediación, por tanto, tiene un carácter de intercesión” (Redemptoris Mater 21).

María es no sólo dispensadora de la gracia y santidad, sino también prototipo de cada cristiano, modelo. Su santidad le vino de Dios, quien la llenó de gracia, preservándola del pecado, único enemigo de la santidad. Las perlas de santidad con las que Dios la adornó son: Inmaculada desde el primer instante de su Concepción, Virginidad perpetua, Maternidad divina, Asunción a los cielos y Coronación como Reina.

De todo esto concluimos que la devoción a la Virgen es un camino rápido para llegar a la santidad. Y, ¿en qué consiste esta devoción a la Virgen? Amar a la Virgen, en primer lugar, como Cristo la amó y la ama. Admirar su ejemplo. Agradecer su ayuda y protección. Acudir a Ella en los momentos difíciles, pues “jamás se ha oído decir que ninguno que haya acudido a tu protección, implorado tu auxilio o pedido tu socorro, haya sido abandonado por ti...” (San Bernardo). “Oye y ten entendido, hijo mío, el más pequeño, que es nada lo que te asusta y aflige; no se turbe tu corazón; no temas esa enfermedad, ni otra alguna enfermedad y angustia. ¿No estoy yo aquí, que soy tu Madre? ¿No estás bajo mi sombra? ¿No soy yo tu salud? ¿No estás por ventura en mi regazo? ¿Qué más has menester? No te apene ni inquiete otra cosa; no te aflija la enfermedad de tu tío, que no morirá ahora de ella; está seguro de que ya sanó” (Palabras de la Virgen de Guadalupe al indio Juan Diego). Imitarla, pues ella es el modelo perfecto del evangelio; es modelo de esposa, madre y virgen. Rezarleesas oraciones que tanto arraigo han tenido en los fieles.


VII. LA LITURGIA

¿Qué es la liturgia?

Significa la participación del Pueblo de Dios en la obra de Dios, en las celebraciones del culto divino, para llegar a la santificación personal y comunitaria. Participación que se canaliza en estas funciones: oración, anuncio del Evangelio, la caridad solidaria y administración y recepción de los sacramentos. Esta participación tiene que ser consciente, activa y fructífera de todos.


¿Dónde está el fundamento de la liturgia?

Hay que buscarlo en la participación de todo bautizado en el sacerdocio de Cristo. Este sacerdocio tiene dos dimensiones: el sacerdocio ministerial o jerárquico, para los que reciben las órdenes sagradas; y el sacerdocio común, del que participan todos los cristianos laicos y religiosos (cfr. Vaticano II, Lumen Gentium 10, b).

Toda nuestra vida tiene que ser una liturgia permanente, es decir, una continua ofrenda a Dios de todo lo que somos y tenemos. Dice san Pablo que “sea que comáis, sea que bebáis, hacedlo todo para gloria de Dios y en acción de gracias” (1 Cor 10, 31). Nuestro apostolado es liturgia y sacrificio. Nuestra predicación es liturgia y sacrificio. Nuestra oración es liturgia. En fin, todo cristianos debe entregar día a día su vida al Señor como “perfume de suavidad, sacrificio acepto, agradable a Dios” (Flp 4, 18), “como hostia viva, santa, grata a Dios; éste ha de ser vuestro culto espiritual” (Rm 12, 1).


Diversos modos como Jesucristo, sacerdote celestial, ejercita con la Iglesia su sacerdocio:

a) Mediante la liturgia de la palabra:
cuando se lee en la Iglesia la sagrada Escritura es Cristo quien habla (Sacrosanctum Concilium 7a). Y la Iglesia, su Esposa, escucha lo que Él le habla hoy al corazón. Nos habla para comunicarnos su Espíritu, porque nos ama. Nadie habla de asuntos íntimos sino con sus amigos. Y la palabra es el medio más apropiado que tenemos para comunicar a quien queremos nuestro espíritu. San Juan de la Cruz nos dice: “El Padre, en darnos como nos dio a su Hijo, que es una Palabra suya -que no tiene otra-, todo nos lo habló junto y de una vez en esta sola Palabra, y no tiene más que hablar” (Subida, II, 22, 3). Esta Palabra de Dios constituye el sustento y el vigor de la Iglesia, la firmeza de fe para sus hijos, el alimento del alma, la fuente pura y perenne de la vida espiritual (cfr. Dei Verbum 21). ¿Cómo acoger esa Palabra? Con la misma devoción con que recibimos los sacramentos. Hemos de comulgar a Cristo-Palabra, como comulgamos a Cristo-Pan. Debemos escucharla con corazón atento y abierto, como María de Betania (cfr Lucas 10, 39), como Lidia oía a san Pablo (Hech 16,14), con gozo en el espíritu (1 Tes 1,6), con intención de practicarla (Sant 1, 21; 1 Cor 15,2), aunque hubiera que morir por ella (Ap 1, 9ss; 6, 9; 204); y de hacerla germinar (Mt 13, 23). Hay una frase de san Ignacio de Antioquía digna de aprenderse: “Me refugio en el Evangelio como en la carne de Cristo”
(Filadelfos 5,1). Y san Jerónimo: “Yo considero el Evangelio como el cuerpo de Jesús”.Por eso el sacerdote besa esa Palabra cada vez que lee el evangelio en la misa y lo inciensa en las fiestas. Por eso, el ambón que sostiene esa Palabra tiene que ser firme, digno.

b) Mediante la oración. Cristo está presente en su Iglesia orante. Será la liturgia de la horas la oración de Cristo con su Cuerpo al Padre (Sacrosanctum Concilium 84); extiende la oración a lo largo del día, para glorificar a Dios y santificar a los hombres.

c) Mediante los sacramentos: los sacramentos son acciones de Cristo, que los administra a través de hombres, constituidos en órdenes sagradas. Estos sacramentos infunden la gracia a nuestra alma, nos santifican, nos alimentan. Los sacramentos son como el sistema circulatorio de la sangre de la Iglesia, que es la gracia de Cristo, y que el corazón de esa gracia sacramental es siempre la eucaristía (SC 10B; LG 7b). El sacramento más importante es la Eucaristía, porque en él recibimos no sólo la gracia, sino al Autor de la gracia, Jesucristo. La Eucaristía es la actualización del misterio pascual de Jesús, es decir, de la pasión, muerte y resurrección de Jesús, una vez más por nosotros. La misa es realmente el sacrificio del Calvario que se hace sacramentalmente presente en nuestros altares, pero de manera incruenta. La Eucaristía es Sacrificio y Festín o Banquete. Por ser Sacrificio, merece todo nuestro respeto, agradecimiento, seriedad y arrepentimiento. Por ser Alimento, nos acercamos para alimentarnos. El cristiano que no se alimenta de la Eucaristía, se muere, se queda sin la vida de Cristo.

d) Mediante la vivencia del año litúrgico: el año litúrgico nos pone en contacto con la salvación de Cristo. En cada uno de los períodos Dios nos quiere dar una gracia especial para ser santos.

e) Mediante los sacramentales: Cristo y la Iglesia, por medio de los sacramentales, extienden la santificación litúrgica a todas las criaturas y condiciones de la existencia humana. Los sacramentales son: bendiciones, exorcismos (para alejar o expulsar a Satanás del cuerpo o del alma), imposición de manos, señal de la cruz, aspersión con agua bendita, consagración de altares, basílicas, etc.

¿Cómo es la liturgia? Es simbólica, pues expresamos con símbolos y signos (agua, óleo, unción, bendición...) realidades divinas, es decir, “lo que ni ojo vio, ni oído oyó, ni mente humana puede concebir” (1 Cor 2,9). Es bella, con una belleza digna, sublime, que aspira a expresar el mundo sobrenatural de la gracia y de la gloria. Es participativa, donde procuran todos tomar parte (lecturas, cantos, moniciones, ministros, etc.). Debe ser respetuosa de las normas, es decir, nadie, “aunque sea sacerdote, añada, quite o cambie cosa alguna por iniciativa propia en la liturgia” (Sacrosanctum Concilium 22, 3)1 . Y dentro de ese respeto, la Iglesia también impulsa la creatividad inteligente (elegir lecturas, preparar moniciones y preces, arreglos florales, cantos, etc). Además, la liturgia es comunitaria y eclesial, porque la vida cristiana es vida comunitaria, eclesial en torno a los apóstoles y con los hermanos; por tanto, no se puede dar eso de cristianos no practicantes. Es netamente pascual, pues centra a los cristianos en la pasión, muerte y resurrección. La espiritualidad litúrgica, inspirada en la Escritura, Tradición y Magisterio, siempre será ortodoxa, genuina y católica: “Lex orandi, lex credendi”. Otra nota: la espiritualidad litúrgica es mistérica y sagrada, pues se busca el encuentro con el Invisible. Es cíclica, pues gira anualmente en torno a los misterios de Cristo, en círculos que ascienden siempre hacia la vida eterna. Y finalmente, es escatológica, siempre tensa hacia el fin de los tiempos (S.C.2). El Vaticano II pone otras características de la liturgia: consciente, activa, comunitaria, plena, interna y externa (S.C. 11, 14a, 19, 21b).

CONCLUSIÓN


“La liturgia es la fuente primaria y necesaria en la que han de beber los fieles el espíritu verdaderamente cristiano” (S.C. 14b). Es verdad que la vida espiritual abarca también otras facetas, por ejemplo, el trabajo, la mortificación, la vida familiar y social, la piedad popular, etc. Pero una espiritualidad, si quiere merecer el calificativo de católica, debe ser muy consciente -en la doctrina y en la práctica- de que “la liturgia es la cumbre a la que tiende la actividad de la Iglesia y, al mismo tiempo, la fuente de donde mana toda su fuerza. De la liturgia, sobre todo de la eucaristía, mana hacia nosotros la gracia como de su fuente y se obtiene con la máxima eficacia aquella santificación de los hombres en Cristo y aquella glorificación de Dios a la cual las demás obras de la Iglesia tienden como fin” (S.C. 10). La espiritualidad litúrgica es el mejor antídoto contra el pelagianismos y voluntarismos de aquellos que tratan de santificarse con sus propias fuerzas (sectas). También es remedio contra el subjetivismo, ese busca a Cristo cada uno desde su sentimiento en las modas cambiantes.

_______________________

  1. Dice san Juan de la Cruz: “No quieran usar nuevos modos, como si supiesen más que el E.S. y su Iglesia; que, si por esa sencillez no los oyere Dios, crean que no los oirá aunque más invenciones hagan” (Subida III, 44, 3).regresar

Compartir este post

Repost 0
Published by Angel de Dios
Comenta este artículo

Comentarios

olga perez 07/13/2012 15:14


Sus artìculos me han llenado vacios de mi vida, luego de leerlos me regocija la presencia del espiritu de Dios; bendiciones a ustedes que estan adelnatados en el camino de la santidad, saludos.


 

Angel de Dios 07/25/2012 17:47







abarrotes_jalisco@hotmail.com 07/11/2012 19:18


hola padre una pregunta por que es malo el aser una reunion swingers  si no se   mesclan la relasion  si lo toma uno  como algo para salr  dela monotomia sexual  
que cae la pareja  i si no se  ofende absolutamente   anadie    si los que practicamos esto lo asemos  con amor i  el consentimiento  de las cuatro
 personas i   esto  engrandese el amor de pareja    i  lla verdad  e  da mas amor  asia uno i   que no es mas peor las parejas que le ponen el
cuerno asu pareja    casi   sienpre i   ala brevedad ban lo confiesan i siguen en la misma  no cre  que tenga uno mallor respeto pues o que se ase  se  ase
por  amor para nosotros es mas feo  i no lo asemos  con una persona que si tiene una esposa lla que estamos metiendo conflicto en esa persona pero si  esta persona interactua
con nosotros los 4 o  lo asemos  con  chico  joben que no tiene  ningun compromiso  con nadie o aguna mves lo emos echo con algun chico que le recomendaron los
doctores aser el amor por    problemas de salud i solo  lo ayudamos i nos ayuda  a fortaleser nuestras  fantasias mucho le  agradeseria nos saque dela duda
 grasias  i exelente  dia

Angel de Dios 07/25/2012 17:46



Amigo quizas la gran respuesta esta en que no estamos en este mundo para satisfacer fantasias, sino para atender realidades...


la realidad es que Dios entrego a su hijo unico para salvar al hombre del pecado... pero si nosotros nos aferramos al pecado es como si insultaramos Dios y a Jesus pues todo su esfuerzo en la
Cruz fue en vano...


El enemigo nos seduce con cantos de sirena... El Dinero, la prostitucion, encantos sexuales, etc. etc. pero solo tu sabras que es lo que te conviene yendote por los vanal, por las fantasias, por
el sexo.. o por las cosas de Dios que no compaginan en nada con lo anterior...


Eso es lo lindo de la Iglesia Catolica, que hay reglas claras de vida que todos debemos acatar... pero a nadie se obliga... pues la salvacion es personal....


Todo lo puedes hacer pero no todo te conviene.


bendiciones



4life

Sin título

Conoe una nueva forma de vivir con salud

una nueva forma de ayudar a las personas que conoces

Una nueva forma de hacer negocio

haz clic en la imagen de 4life

Suplemento

VISITA NUESTRA TIENDA VIRTUAL

Descuento 

Baja material gratuito para practicar tu ingles haciendo clics en las imagenes

link             effortless11      

CDs 

Tiempo limitado

Lista De Artículos